miércoles, mayo 29, 2024
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Me tiene muy harta la degradación de los medios de comunicación en la República Dominicana.

Por Jen Sánchez
En la era digital, la chopería y lo más burdo de los barrios han encontrado su camino hacia la televisión, la radio y las plataformas digitales en la República Dominicana.

La proliferación de los «famosos influencers», quienes inicialmente ganaron protagonismo gracias a los mismos medios, ahora se han convertido en «grandes comunicadores».

No obstante, este fenómeno ha traído consigo una notable degeneración en la calidad de la comunicación, transformando a estos influencers en los grandes destructores de nuestro espacio comunicativo.

La triste realidad es que hemos permitido que lo deshonesto, lo vulgar, lo tóxico, lo perverso y lo petulante se conviertan en la norma en nuestros medios de comunicación. Esto se ha hecho en aras del «sonido», del «rating» y, en última instancia, de los números que dictan el éxito financiero de estos medios.

La pregunta que surge es: ¿ dónde ha quedado el nivel de responsabilidad de aquellos que emiten contenido o de los dueños de medios que permites ciertos contenidos? Mientras le den su dinero, que hagan y deshagan.

En tiempos anteriores, los medios de comunicación se consideraban vehículos para la difusión de contenido educativo, informativo y familiar, libre de obscenidades e improperios.

Sin embargo, hoy en día, parece que estos valores se han perdido en la búsqueda de la popularidad y el beneficio económico rápido.

La responsabilidad social de los medios de comunicación ha sido sacrificada en el altar de la cultura del espectáculo.

Es aún más lamentable observar cómo personas que fueron educadas, que estudiaron, que tienen convicciones y responsabilidades familiares, han caído en el juego de lo perverso.

Estas personas, que deberían ser modelos de integridad y responsabilidad, han sucumbido a la tentación de vivir de los «views» y la monetización fácil, tolerando y promoviendo conductas que antes habrían rechazado categóricamente.

En contraste, personas preparadas que ofrecen contenido de calidad, aportando a la moral y las buenas costumbres, están fuera de la radio y la televisión. Los contenidos que buscan elevar los estándares éticos y morales no son bien vistos en esta época.

Mientras tanto, aquellos incultos y salvajes ocupan importantes espacios y horarios en los medios de comunicación, perpetuando una cultura de mediocridad y vulgaridad.

El abandono de la lucha por la educación y la responsabilidad es evidente. La frase «que se joda todo, que me importa a mí» se ha convertido en el lema de una sociedad que, aunque mayoritariamente católica y cristiana, parece haberse alejado de los principios

fundamentales de su fe. La moralidad y la ética han sido reemplazadas por el cinismo y la indiferencia.

Esta situación plantea una serie de reflexiones urgentes sobre el futuro de la comunicación en la República Dominicana. Es imperativo que los medios recuperen su sentido de responsabilidad social.

Los comunicadores deben recordar su papel crucial en la formación de una sociedad más justa y educada. No es suficiente con buscar la popularidad; es necesario también buscar la calidad y el impacto positivo en la audiencia.

En conclusión, la chopería y la vulgaridad que han invadido nuestros medios de comunicación representan una amenaza significativa para la integridad y la calidad del discurso público.

Es necesario un esfuerzo concertado para devolver la decencia y la responsabilidad a nuestros medios, asegurando que los contenidos sean no solo entretenidos, sino también educativos y respetuosos.

Solo así podremos aspirar a una sociedad mejor informada, más educada y, en última instancia, más justa.

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